lunes, 23 de enero de 2017

¡ Alegato contra el posmodernismo amoroso !


“Tia, no se qué le pasa a Rafa, me ha leído pero no me contesta, está raro. Las últimas dos veces le hablé yo primero, le toca a él, no pienso escribirle, ¿por qué siempre me lio con gilipollas?”

“Ayer no me hizo ni puto caso, de hecho yo creo que estaba tonteando con Natalia, no lo entiendo; pero si yo soy perfecta, soy abierta, soy maja, no agobio, y ayer encima estaba buenísima, ¿verdad que no me merece?”

Cualquier persona, mujer, que me esté leyendo que piense en la última semana cuantas conversaciones de este tipo ha mantenido con sus amigas. ¿Una hace un minuto? ¿Otra ayer de borrachera? ¿El miércoles en casa? Podríamos seguir hasta el infinito, sí, es nuestra realidad cotidiana.

¿Qué nos pasa? ¿Somos más tontas, nos pillamos más? No, todo tiene una explicación desde el punto de vista del género, y con una perspectiva feminista quizás podamos afrontarlo con alegría.

Las relaciones sociales, las afectivas, forman parte de nuestra vida material, de lo cotidiano. Las construimos diariamente bajo patrones patriarcales que intentamos romper pero que son los que nos han socializado a todas, seamos más o menos feministas. Que seamos más emocionales no es una cuestión biológica, tiene que ver con que nos enseñan a querer, a cuidar y a estar pendientes de los demás desde pequeñitas; lo cual serían valores positivos si no fuera porque normalmente no recibimos lo que damos.

Cuando entablamos una relación hay que establecer las reglas del juego, los principios que guiaran la misma y con los que todas las partes se sientan cómodas. La unidad de acción en el amor, xD, tiene que ver con compartir honestamente lo que se piensa, lo que se quiere, y tratar de llegar a una síntesis en la que las partes caminen en la misma dirección. Nos ocurre que acabamos siempre adaptándonos nosotras a sus ritmos y no al revés, y esto indudablemente introduce una cuestión de género.

Ellos son conscientes de la situación y aprovechen y ejercen sus privilegios. Nosotras, da igual que tengamos 20 que 45, que victimas de nuestras propias contradicciones nos adaptamos. Queremos relaciones libres y que no sean posesivas y eso lo convierten en un “no me hagas ni puto caso que me da igual”. Y no, no es así. Nos gusta sentirnos seguras, cuidadas, queridas, especiales, respetadas.

¿Somos nosotras las culpables puesto que fomentamos la situación al gustarnos siempre el que menos caso nos hace? Como digo las contradicciones son múltiples, pero yo defiendo que no, no es así. Una cosa es tener cierta picardía para tontear (a nadie le gusta un soso/a) y otra muy distinta que nos guste el daño emocional.

Ante esta situación tenemos que encontrar herramientas para defendernos, hacernos duras sin renunciar a la ternura, a lo que queremos, a lo que sentimos. En este camino una palabra que está muy de moda se convierte en fundamental: sororidad. La sororidad no se define, se experimenta. La notas cuando te rodeas de tus compañeras, y comienzas a sentirte cómoda, con más ganas de sentir, de vivir, de compartir. Cuando te ves entre iguales viviendo sensaciones parecidas, creciendo juntas.   

Sin querernos, sin lo emocional, nada tiene sentido. En este mundo posmoderno se confunde la defensa de relaciones diversas y libres, con la frialdad, la ausencia de cariño y de cuidados, y la falta de afectos. Está de moda la superficialidad, lo intrascendente, y las comunistas siempre hemos defendido ir a la raíz de los asuntos, construir relaciones en igualdad. No convirtamos el sexo y el amor en una transacción, un frío intercambio. Sentir, dure lo que dure, es bonito, no nos mercantilicemos.


Espero que no se me entienda en un sentido moralista, todas debemos ser libres para construir las relaciones que queramos y no pretendo decir que unas sean mejores que otras. Además nos queda muchísimo por avanzar para quitarnos de encima los celos, la competitividad y tantas otras cuestiones que sin querer seguimos reproduciendo. Pero no renunciemos a lo que queremos. Como decía Rafaela (por cierto, votante comunista): ¡Venceremos resistencias para amarnos cada vez más!


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