martes, 29 de noviembre de 2016

Violencias

Un año más volvemos a “celebrar” el 25N, un año más en el que ha habido 92 feminicidios, un año en el que vemos que las violencias ni mucho menos disminuyen, sino que aumentan, un año terrible en el que tenemos que levantarnos diariamente con noticias como las de las violaciones múltiples en San Fermines…

Tal y como recoge la web: https://nosafectaatodas.com/En España se comete una violación cada ocho horas, y más  del  70%  de  los  agresores  son conocidos  de  la  víctima,  generalmente  personas cercanas,  como familiares  o  parejas,  y por  tanto  la  mayoría  de  las  violaciones  son  en casa  de  la  víctima  o  de  conocidos,  en espacios que  podrían  considerarse  seguros.”


Cuando salimos de los círculos más activistas y politizados, nos damos cuenta de lo terrible que es el tema, nadie te entiende, te hablan de denuncias falsas, de lo exageradas que somos y de todas las supuestas oportunidades que hoy en día tenemos las mujeres. Lo realmente grave es que no detectan la violencia, por mucho que la tengan delante de sus narices, o que las estadísticas demuestren el auge de la violencia entre adolescentes lo que nos da una pista del futuro que nos espera y de que el problema lejos de reducirse, aumenta. La sociedad niega la evidencia de la insoportable realidad de que absolutamente todas las mujeres hayamos sufrido o suframos alguna forma de violencia sexual en nuestra vida (acoso, abuso, agresión…).  

Después, vuelves a los círculos militantes, donde en teoría vas a sentirme más a gusto, más cómoda, más segura, al presuponerse cierta conciencia y actitud frente a esta cuestión, y te das cuenta de que las palabras feminismo, violencia o patriarcado se repiten como un mantra, como un significante vacío de esos de Errejón, como un superficial lugar común que se dice respetar de boquilla, por ser lo políticamente correcto, pero que no se entiende ni se comparte.  Si no pasamos de lo superficial, si no profundizamos, si no analizamos si realmente compartimos diagnóstico, no podremos tampoco compartir soluciones.

Este no profundizar, este no ir a la raíz de los problemas, este voy a decir lo correcto para no parecer un “machirulo” sin pensar qué quiere decir deconstruirnos o empoderarnos, tiene consecuencias prácticas que es que las violencias se siguen perpetuando, en espacios, eso sí, teóricamente feministas.      

Se frivoliza con el hecho de que parezca que el feminismo es “juntarse a hablar de cosas de chicas”, no no es eso, al igual que el marxismo no es “juntarse a hablar de cosas de obreros”. El patriarcado es una estructura social e histórica de dominación de la mujer por parte del hombre. Es un sistema de relaciones sociales, que oprime a las mujeres, que se apropia de su fuerza productiva y reproductiva y de sus cuerpos, de forma violenta. Es un sistema de dominación que se da en todos los planos: el económico, el social, el psíquico, el cultural, el político el ideológico… por el cual, y a través de instituciones tanto públicas como privadas, los hombres se sitúan en una posición de superioridad en el sistema social y oprimen a las mujeres que se encuentran en una posición subordinada. Nos oprimen, por el hecho de ser mujeres.

No hay mujer que no haya sido asaltada por exhibicionistas, manoseada en el metro o en el autobús, acorralada con repugnantes piropos, cuando no directamente abusada. Por tanto, decir que lo personal es político no es un canto a la subjetividad, al igual que la rabia que sentimos las mujeres no responde a ninguna neurosis, sino a una estructura social en la que somos sistemáticamente dominadas.

Por tanto, no es sólo una ideología machista, una mera cuestión de actitudes, ni casos aislados de agresores violentos cómo podríamos imaginarnos. El perfil del violador es un hombre “normal”, es el reflejo o las consecuencias de un sistema social en el que el hombre ejerce sistemáticamente poder sobre la mujer.

Los derechos de las mujeres no son “derechos civiles individualistas/burgueses”, la lucha feminista va a la raíz de la desigualdad. Desde la UJCE hemos lanzado una campaña para denunciar en uno de estos planos el judicial, como el Estado es cómplice directo de un sistema que permite que nos maten y nos violen.

#NosAfectaATodas




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