sábado, 26 de diciembre de 2015

Cimentando el futuro

Escribía mi anterior post en una situación difícil, frustrada. 
Frustrada por los difíciles momentos que atravesaba la militancia, frustrada en lo personal por no encontrar un proyecto que me ilusionase. 
Hoy, puedo decir con alegría, que me encuentro en una situación muy diferente. 

Cabría pensar a la luz de los resultados electorales que estoy triste y decepcionada, sería absurdo negar que la noche del 20D me sentía así. Después de la mejor campaña que he vivido en mi vida, con la mejor organización en mucho tiempo, el mejor proceso y la mejor candidatura fue inevitable la sensación de desazón, de que el mundo era injusto con nosotras, de que la ley electoral era una completa mierda… así es, sobre todo esto último, pero tras unos días de reflexión pienso que estamos en una situación mejor que hace uno, dos, tres, o cuatro años. 

Hemos cometido muchos errores, que desde hace algún tiempo estamos empezando a solventar. La lectura de estas elecciones es que la Unidad Popular hace el camino. La unidad que no consiste en sumar partidos (que también), sino la que se hace día a día, construyendo espacios amables y democráticos, espacios que desde la base, cada barrio y cada centro de trabajo o estudio reman juntos para conseguir victorias para la mayoría social, espacios dignos y participativos, espacios en los que arrancamos y recuperamos derechos. 
Esto pasa por cimentar cosas que han surgido como “Sindicalistas por la unidad popular” donde no importa el sindicato al que perteneces (si es que perteneces a alguno) sino los objetivos comunes que construyes para defender tus derechos. Pasa por espacios como las RSPs o Apoyo Mutuo en mi barrio, donde siendo cada uno de nuestra madre y de nuestro padre logramos entendernos para defender colectivamente aquello en lo que creemos. Y pasa también por ser capaces ahora de reconstruir eso que llamamos Izquierda Unida y que debe ser cada vez menos partido y cada vez más Unidad Popular. 

La estrategia a seguir no consiste en construir maquinarias electorales, ni en escuchar pasivamente a intelectuales que como lo saben todo no escuchan a quienes les pusieron ahí. La estrategia pasa por construir un movimiento político que apueste por un cambio que no nacerá de arriba, construir una organización de diversos movimientos fuertes en la base, dónde las decisiones surgirán de abajo a arriba, dónde se devuelve el poder a los pueblos, y a la gente, y dónde nos unamos con todos los actores que trabajan por el cambio. 

En esta campaña he visto un poco de eso y ese es el camino a seguir. Terminaba el anterior post hablando (de forma premonitoria) de un “Nuevo País” y estoy segura que con compañeras de viaje como Alex, Borja, Irene…, Álvaro, Alba, Gonzalo… y tantos y tantas otras lo conseguiremos.